El Puntito del G

jueves, julio 27, 2006

Capítulo XXVI: El Juergues Pasado

El juergues pasado salió la lista de los nuevos becarios ICEX. Como el año pasado, éste estuvo a punto de tener su garbanzo negro (aunque, para qué engañarnos, puede pasar de todo de aquí a Septiembre).

No pretendo hacer un resumen de noticias, una nota de prensa, con este post. Ni mucho menos. Se trata más de un intento de hacernos recordar el momento en el que nos dijeron lo que sería o no sería de nosotros el año siguiente (las famosas lentejas...).

Hago un esfuerzo por recordar el mismo momento del año pasado cada día. El 27 de julio de 2005, la espera, los nervios, la comodidad de una vida ordenada, la compañía, el idioma perfectamente conocido. Como supongo que haré el año que viene, cuando recuerde lo mucho que me costó que me entendiese la chica de la panadería, o lo baratísimo que era el tabaco, el desorden de mi casa, la moqueta (maldita moqueta, qué cochinada), el Carrefour de Bucarest (no habéis estado, lo recordaríais, con sus pajaritos volando alegremente sobre el pan), la nieve, la escandalosa “povita”, que ni es nieve ni es agua, simplemente ensucia, el frío o los cortes de gas a Ucrania que nos afectaron en enero, a menos dieciocho graditos de nada.

Un millón de cosas, un baúl que llevamos, cada uno desde su punto de vista, Berna o Lagos, Sao Paulo o Ankara, Dusseldorf o Seúl, ciudades en las que todos conocemos a alguien que, en cualquier momento de este año, hubiese estado encantado de recibirnos en sus provisionales casas, más o menos caóticas, para enseñarnos que la intensidad de las relaciones depende de factores infinitamente más complejos que el tiempo. Que lo que tenemos en común nos une aunque no nos hubiésemos elegido nunca unos a otros como amigos si estuviésemos en otra situación. Que nos tenemos el respeto que se forja después de mucho tiempo sin casi conocernos, que nos tenemos ganas, que queremos vernos, que nos recordamos, que, a miles de kilómetros, es posible hacerse amigos (gracias, internet, gracias) pero no enemigos (ahí siempre nos queda la duda de lo que pasará cuando nos veamos. Es una de las mejores características del ser humano, que nace bueno y que siempre, pase lo que pase, le quedan rescoldos de esa bondad, de esa confianza en estar equivocados, de esa capacidad para rectificar).

Casi un año después, me planteo qué decirles a los nuevos, a los que van a venir a mi destino. Y recuerdo lo que pensé cuando a mí nadie me dijo nada, ni bueno ni malo. Y pienso en cómo es posible callarse, cómo puede dejarte indiferente esta experiencia. Parece que fuera antes de ayer... diez meses volados. Me vienen a la cabeza un millón de cosas que decirles. De la Oficina Comercial y del trabajo (jaaaaa), de la colonia española, de las buenas manos en los que les dejamos con los “Cámaras”, pero sobre todo, de la cantidad de gente que hemos conocido, de los sitios en los que nunca pensé que estaría, de los que, desde el primer momento, supe que querría repetir, de la belleza de un país para mí desconocido, de la sorpresa permanente, del esfuerzo al principio para hacer algo tan sencillo como pedir que el agua no tuviese gas, de la comunicación Bucarest-el mundo como si estuviésemos en el mismo edificio, de la inercia, que nos ha llevado como en rafting, del aprender a dejarse llevar, de ir río abajo, sin pensar, mirando, empapándonos de todo, abriéndonos paso, cayendo de pie.

Pienso en todo eso y tengo la certeza de que, si hace un año, alguien me hubiese dado una bola de cristal y me hubiese dicho algo parecido a lo que he visto, a lo que he vivido, a lo que he sentido, me hubiese echado a reír y le habría preguntado que si estaba loco.

Una especie de MATRIX, con un Morfeo con cara de IR, que nos dio a elegir la pastilla azul o la roja. Y cada uno cogió la suya (para los que cogieran la otra, me atrevo a decir que no es tarde aún).

Algo muy valioso he aprendido de este año, algo que muchos tendrían muy claro antes, que otros, posiblemente reconozcan en sí mismos. Y es que es mejor, sea como sea nuestro destino, aburrido, cálido, gris, nuevo o repetido, es mejor arrepentirse, un año después, de haberlo hecho que de quedarse con la duda. Que a veces tenemos la suerte de llegar al Ferry, y que, si podemos subirnos, si tenemos ganas, nada debe frenarnos. Que, como dijo Chaplin, esto es como una función en la que no hay lugar a ensayos. Y lo que dejamos atrás, se queda con nosotros, pase lo que pase. Que lo importante es compensar el equipaje.

Así que, lo único que puedo decirles a los nuevos es que las consultas, los estudios de mercado, los informes, son una mera anécdota. Les aconsejaré gmail (prometo que no me pagan comisiones) y les diré que sonrían. Que a lo mejor vuelve a pasarles algo parecido, pero que una vez tomada la decisión, sólo nos queda disfrutar. Hasta de nuestros jefes.

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Snif,snif!! que emotivo rum-anaaaaa!!!!!
Muy sinceramente, no tengo ni idea de qué decirles a los que vienen pero efectivamente, quedarse en España no lo considero una opción. Claro que para eso... primero hace falta que nuestros sustitutos den señales de vida!!!

8:12 a. m.  

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